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 Asunto: Un plato servído en frío.
NotaPublicado: 12 Feb 2019, 03:14 
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Acto 1 – El cuarto regalo del emperador:


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En Faerûn poco se conoce de la exótica Kara-Tur. Idealizada por unos cuantos como “meca” del honor, la rectitud, la disciplina o la tradición pocos son los que habiendo logrado entrar en esta misteriosa tierra no han salido decepcionados.

No hay rincón en Thoril que escape de la sombra, y Kara-tur no estaba más libre de vileza que cualquier otro territorio en todo el continente. Las guerras internas entre clanes habían damnificado a una nación que aun así no había sucumbido a invasiones extranjeras.

El protagonista de esta historia, había vivido estas dos verdades. Enzo, como así se le llamaremos, era el primogénito de la familia Umezawa, la familia más noble de todo Negiri, una aldea pequeña, aunque importante situada en la costa septentrional de Kara-tur.

Negiriera una ciudad próspera, asentada en una zona excelente para su crecimiento como urbe, estaba a punto de conseguirlo y el clan Umezawa era el encargado de encaminarlo todo.

Enzo había crecido con la pesada carga de no decepcionar a su clan. Una versada y disciplinada educación en todo tipo de artes, incluida la de la guerra, se encargaría de que el chico estuviera a la altura y no se desviara del camino que, desde su nacimiento, le había sido asignado.
Sin embargo, el joven solo destacaba en una de estas disciplinas, la militar.
Despertando desde pequeño un talento inusual para el bushido, Enzo había atraído los laureles de sus maestros por ser todo lo contrario al resto de díscolos y caóticos discípulos de la urbe.
Él era recto, constante y disciplinado. Sabio en el apartado del autocontrol y letal cuando debía serlo. De carácter justo y honrado, sin duda al crecer, podría liderar la milicia de Negiri sin fallas.

Siendo así, al cumplir dieciséis años, Enzo fue llamado por el consejo del pueblo que presidia su padre, pues en su decimosexto cumpleaños el chico sería reconocido como un militar de primer grado en edad para ser llamado a filas, y como tal debería pasar por uno de los rituales del clan… la elección de su arma.

Sin embargo, él estaba destinado a ser el líder militar de su nación cuando su padre ya no estuviese, y eso entrañaba responsabilidades mucho más allá del mero hecho de seleccionar un arma predilecta, hecho que Enzo aún desconocía.

Siéntate EnzoOrdenó su padre, en tono distante.

El chico obedeció, y se reclino sobre el suelo, frente al consejo.
Uno a uno, los integrantes del mismo fueron narrándole como sería su vida ahora y lo que esperaban de él. Hasta que le llegó el turno a su padre.

Nos has escuchado a todos y ahora estás preparado para conocer la verdadLanzó sin tapujos ante el cada vez más sorprendido Enzo.

Ante la atónita mirada de Enzo, su padre se levantó y le dio la espalda, dirigiéndose a un armario realmente ornamentado, con dos pequeñas puertas que abrió despacio. Tras las mismas se encontraba una vitrina, con una estructura de madera donde reposaba un arma de filo extraña.

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No era un arma que el muchacho hubiera visto antes, aunque en algunas ciudades en las que se había empezado a popularizar recibía el nombre de nagamaki.

Un arma a medio camino entre la espada y la lanza, la katana y la naginata. El arma estaba perfectamente compensada, la mitad de su longitud era mango y la otra mitad filo. La hoja brillaba con un brillo perlado, y en el medio, una filigrana más oscura, de destellos azules, delimitando la parte roma de la afilada de forma totalmente simétrica y estética.


Este es el cuarto de los siete regalos que el Emperador imbuyó con su poder para proteger a las gentes de Kara-tur.Narró Rezuma un poder que todavía hoy no hemos logrado comprender, pero el Emperador me aseguró en persona que es mucho más que un arma, como si tuviera vida propia.Hizó una pausa y concluyóEs nuestro tesoro nacional, el Emperador lo bautizó con el nombre de Yondaime, el orgullo de Negiri.

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Enzo se mostró abrumado. Eran palabras cargadas de responsabilidad para él, puesto que había pasado toda su infancia creyendo que los siete regalos del Emperador eran solo una leyenda, y aunque no es momento de contarla, el solo hecho de que el mito sea realidad solo hacía que añadir mucha más carga a la responsabilidad que le había sido asignada a la familia de Enzo y por ende a él.

Cuando se recuperó empezó a comprender. Ahora entendía porque su padre no tomaba un día de descanso, porque era tan recto, porque nunca se relajaba. Entendía que Negiri como las otras siete aldeas que contaban con el favor del Emperador podrían llegar a gozar de la virtud del desarrollo y la prosperidad, pero que también sobre ellas se cerniría la sombra de aquello que codiciaban su buenaventura y sus tesoros.

Como las otras seis aldeas bendecidas con el favor del emperador, Negiri és ejemplo de paz, convivencia, justicia y honor. Sobre tus hombros ahora recaerá la pesada carga de mantener estos valores con los que honrar a tu familia, a tu tierra, al emperador y a la naciónNarró con tono solemne su padre.

Luego, enfundó el arma en la lujosa vaina y la guardó de nuevo en aquella caja fuerte con forma de armario. Entonces, uno de los ancianos del consejo se levantó y se acercó al chico.

Ahora que ya sabes esto, comprenderás que tu deber, como ha sido el deber de tu padre, es desentrañar que secretos esconde Yondaime, con tal de extraer todo su potencial.Inquirió Es por eso que debemos despojarte del privilegio que supone elegir el arma que te acompañara de por vida.

Cuando el anciano acabó de hablar se acercó al saturado muchacho y le hizo entrega de un nagamaki, un arma de filo que replicaba la forma de Yondaime, el arma que acompañaría a Enzo hasta que fuera digno de empuñar el Orgullo de Negiri.


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 Asunto: Un plato servído en frío.
NotaPublicado: 12 Feb 2019, 03:55 
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Acto 2 – La llegada de la deshonra:

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Desde que Enzo hubiese recibido aquel nagamaki no había pasado un solo día en el que no hubiera consagrado su vida a prepararse para cuando la paz acabase, puesto era sabio no confiar en que dicha paz durase para siempre. Y para la desgracia de todo Negiri, esa paz acababa hoy.

Esta preocupación no era infundada, además, no había hecho más que engrosarse desde que el último Emperador de Kara-tur hubiese fallecido meses atrás. En conflicto por nombrar sucesor la tierra se había envuelto en disputas continuas, y en el caos, habían proliferado aquellos buitres atrevidos que no titubearían en aprovechar la situación en beneficio propio.

El padre de Enzo, recibía esa misma mañana la visita de un diplomático de Malatra, otra ciudad bendecida por el favor del difunto Emperador, en la costa opuesta a Negiri, en el Mar Amarillo.

El líder de Negiri andaba pensativo y tenso por los salones de su austero palacio esperando la llegada del emisario. De pronto, las pesadas puertas fueran ayudadas a abrirse sonoramente por dos de sus soldados y la comitiva presidida por dicho emisario las atravesó.

Antes de que el padre de Enzo pudiera pronunciar palabra fue interrumpido de forma altiva por Keitaro, el “diplomático”.

¡Higure! ¡Cuánto tiempo!Dijo engalanando una sádica sonrisa.

Malatra era una de las ciudades que habían postulado una candidatura a la nueva vacante en el liderazgo del imperio y desde que el clan Kojiki ascendiera al gobierno de dicha ciudad, se había tornado un sufrimiento lidiar con ellos. Sin duda, ya no representaban ninguno de los valores sobre los que se sostenía el mandato del difunto Emperador.

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La candidatura de Malatra prometía un cambió de país. Fronteras cerradas para no corromper la cultura tradicional de la nación, el poder militar como epicentro del crecimiento y dureza con las voces disidentes entre otras sartas de mentiras que habían granjeado buen recibimiento por parte de los sectores más conservadores de Kara-tur y ahora también de aquel populacho que culpaba de sus penas a los años de gobierno progresista y pacífico del último Emperador.

La visita de Keitaro de bien seguro entrañaba un propósito bien claro, puesto que los Kojiki eran famosos por sus ansias de poder y pocos escrúpulos para obtenerlo, la cosa se ponía fea y Higure, el padre de Enzo, lo sabía.

Además, Higure estaba en una situación doblemente comprometida ya que él sabía perfectamente que el apoyo de la ciudad de Negiri, como el apoyo de cualquiera de las otras de las siete Aldeas Bendecidas a cualquier candidatura, podría reclinar la balanza en favor del apoyado, en este caso el representante de los Kojiki de Malatra y sus sospechas no iban a tardar en confirmarse.

Aciagos tiempos en nuestra sagrada nación, Higure. Sin embargo, tu sabio liderazgo ha hecho que Negiri no se resienta en absoluto.Pronunció mirándole fijamente a los ojos.Mi señor me envía con un claro cometido, y por desgracia no dispongo de tiempo para andarme con rodeos. Hizo una breve pausa para inspeccionar la reacción del líder y prosiguió. Queremos que apoyéis nuestra candidatura.

El rostro de Higure se tornó serio. El hombre se sentía pisoteado en su propia casa, y estaba conteniendo y reflexionando cada uno de sus siguientes pasos.

Nunca antes alguien en estos salones había hablado con tanta osadía, lo atribuiré a la premura del asunto que aquí os trae, Keitaro.Exclamó con voz ciertamente intimidadora y prosiguió —: Ahora, acompañadme.

Higurehizo una seña para que dos de sus soldados separaran a Keitarode su comitiva con la intención de que el diplomático fuera el único que acompañara al líder a un salón contiguo, más privado, y también con la intención de hacerle saber que aquí mandaba él.

Explicadme, ¿Por qué un territorio neutral como Negiri debería apoyaros?Cuestionó.

Contra todo pronóstico, el tono altivo de Keitaro no disminuía un ápice y, tras suspirar, dijo:

Los años os obnubilan el juicio, Higure. ¿Cuánto crees que Negiri podrá mantener su postura neutral en todo esto?el rostro de Higure empezaba a mostrar claros síntomas de enfado, pero antes de que pudiera interrumpir, Keitaro le obliga a parar con un gesto repelente, como adivinando sus intenciones y proseguía sin pausa¿Y qué crees que pasará cuando eso suceda, cuando tengas que posicionarte? La sombra crece más allá de las fronteras. Sin nadie al mando del ejército nacional, bandidos y maleantes actúan a sus anchas, los clanes que nunca han contado con la bendición de nuestro querido Emperador lucharán por tener más representación en la nueva era que se abre ante nosotros, ¿Crees pues que Negiri podrá contener todos estos aflijos, sin aliados, y armados solo con el poder que os otorga vuestro honor y vuestra tediosa bondad?Siguió sin tan siquiera hacer una pausa para respirar, con una bravuconería atroz, como si fuera dos pasos por delante del monarcaSi soy directo es porque sé que esta discusión solo tiene una salida viable y es la que mi señor ofrece.Tras rebajar su tono, tomó aire y sentenció Que Negiri forme parte de nuestra candidatura y que nos entregues el tesoro nacional para reforzar nuestra unión. Malatra os protegerá a ambos. Ya contamos con el apoyo de dos ciudades benditas más, y con la reputada Negiri de nuestro lado lograríamos nuestro objetivo más ambicioso. Hacer de esta nación un lugar seguro y estable otra vez.

Taciturno y cabizbajo, Higure se recostó sobre la mesa central que presidia la estancia. Habia estado escuchando a aquel engreído muchacho al que doblaba la edad quizá por demasiado tiempo. Keitaro, que esperaba respuesta, apenas atinaba a ver el ahora oscuro rostro del líder, que se estaba tomando unos silenciosos segundos para reflexionar.

— Creo que, aunque con desagrado, entiendo lo que dices. Cierto es que no hay una salida óptima. Acompáñame, por favor.Se pronunció de forma lenta finalmente.

Una vez fuera de la estancia, Higure guio al embajador a una sala escalas arriba, en la parte más alta de palacio, donde años atrás la verdad sobre la nación fue revelada a Enzo y donde seguía reposando Yondaime, el orgullo de Negiri. El monarca la sacó del armario ante la codiciosa mirada de Keitaro y se acercó a entregársela.

Nuestra ciudad ansia la paz y cree en que la convivencia entre todos los ciudadanos de Kara-Tur es posible.Detalló tras dejar caer el arma sobre las manos del diplomático.

Has elegido sabiamente, Higure . . .Contestó mirando el artefacto con una amplia sonrisa.

Sin embargo, es una decisión difícil porque vuestras políticas no contribuirán a una convivencia de paz, ya que solo velan por los intereses de aquello que piensan como vosotros.Añadió Higure ante un ahora confuso Keitaro.Negiri quiere paz y tu líder tiene razón, solo hay una salida viable.

Keitaro titubeó poco, era un estúpido, pero no un necio. De pronto, antes de que pudiera alzar la mirada hacia Higure, noto como Yondaime le quemaba en las manos y empezó a asustarse más aun cuando no era capaz de soltarla.

¿Qué significa esto? — Preguntó confuso e histérico el diplomático.

Higure mostro entonces su verdadero rostro. No había parte de su faz que no mostrara una increíble tensión, indicando inequívocamente que las continuas afrentas del emisario le habían hecho colapsar.

Si queremos paz . . . ¡debemos estar preparados para la guerra!Exclamó sonorísimamente con rabia.

El estruendo recorrió palacio y, ante la atónita mirada de Keitaro, el furibundo rey desenfundó su katana de afilidadísimo filo para acabar con la vida del diplomático sin que este atinara a poder defenderse con el arma que tanto ansiaba obtener, presa del pavor y de la voluntad de Yondaime, que al notar como la vida escapaba del cuerpo de Keitaro, levitó de vuelta hacia el legítimo rey de Negiri.

Los actos del líder de los Umezawa podrían haber sido tildados de impulsivos, pero no fue así. Cargado de sangre fría y convicción, descendió de la torre donde había dado muerte a la rata de Keitaro decidido a acabar con el resto de los enviados Malatrenses que el tipo traía consigo. Y mientras descendía por la escalinata sabía que había tomado la decisión correcta, la vida de los humanos es corta, así que es mejor no vivirla de rodillas apoyando las ideas bélicas y peligrosas que proponía Malatra, asi como también sabía que todo su clan apoyaría su decisión.

La comitiva de Keitaro no tardó en correr la misma suerte que su cabecilla y Malatra no tardaría en echarles de menos. Higure lo sabía e hizo reunir al consejo a la mañana siguiente. Había tomado parte en esta guerra antes incluso de que comenzara y la iniciativa estaba ahora de su mano, oportunidad que no podía dejar pasar, claro que… las cosas no siempre salen como uno las planea y la fichas llevaban moviéndose en la sombra varios meses atrás. . .

En las semanas venideras reforzarían la ciudad y se prepararían para defenderla. El mantenimiento y sobre vestimento de los muros no sería suficiente, también necesitarían doblar las guardias, equipar e informar a la población y abastecer con el doble de provisiones los almacenes por si la ciudad fuera asediada y aún con todo no podrían aguantar demasiado solos.
Keitaro había dicho que Malatra había formado alianza con dos ciudades benditas más, eso significaba que aún quedaban tres ciudades libres, y Higure sabía con cuál de ellas podía confiar al cien por cien.

Es por eso que, algunos días después de la reunión hizo llamar a Enzo y otro compañero de armas de su hijo, su amigo Saito del clan Haze.

Saito Haze también destacaba por ser un joven de excepcional talento militar. Era el único integrante del clan Haze que había logrado acceder a la milicia, ya que los Haze habían sido relegados a los oficios y la artesanía a causa de su caída en deshonra por cierta historia que ahora mismo no nos incumbe, pero Saito había dejado ese lastre atrás para ser admitido en la escuela militar donde había desarrollado, además, una gran aptitud para la cetrería.

Durante los años que pasaron aprendiendo, Saito y Enzo forjaron una gran amistad, el chico admiraba a Enzo y en cierto modo incluso envidiaba el destino del joven heredero, más aún cuando le habló de Yondaime o cuando se atrevían a teorizar sobre los poderes ocultos en esta.
Además, Saito se parecía mucho a Enzo físicamente, y muchas veces le había engañado para hacerse pasar por él para saltarse alguna instrucción militar hasta que Enzo dejó de arriesgarse por Saito y este se vio obligado a matricularse con los mismos honores que el primogénito de los Umezawa.

Os hemos hecho llamar para encomendaros una importante misión. Como sabéis, la guerra no tardará en estallar, y necesitaremos contar con aliados. Debéis pues escoltar a nuestro diplomático a Laothan y para informarles de lo que esta sucediendoExpulsó directo Higure como portavoz del consejo.

Los dos muchachos se limitaron a asentir marciales y tras recibir las indicaciones pertinentes se prepararon para partir con la primera luz del Sol.

Cuando amaneció, los dos jóvenes y el emisario pertrecharon sus monturas con tal de ponerse en marcha lo antes posible. De las cinchas traseras del sillín de monta de Saito colgaba algo que llamo la atención de Enzo, era una pequeña cría de Halcón, en una jaula bien amarrada, para que el trote no acabara por marearlo.

Eso es… ¿Un pájaro?Preguntó el diplomático.
Se llama Acre, le estoy entrenandoSonrió Saito exponiéndolo con visible satisfacción.

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El color gris apagado del cielo de aquella mañana amenazaba con lluvia, sin embargo, aun resistía.
Dormían una noche cada dos lunas para optimizar al máximo el tiempo de viaje, sin embargo, cuando estaban a un solo día de camino algo obligó a Saito a caer violentamente de su montura.

El culpable había sido un cable atado entre dos árboles a los extremos del arenoso camino, una trampa preparada a conciencia. Saito se resentía en el suelo mientras Enzo frenaba temiéndose lo peor. Más atrás el embajador lograba con dificultades aminorar la velocidad.

Ya era . . . hora. . . Exclamó una voz entre los árboles.
¿Quién anda ahí? Estáis interrumpiendo una comitiva de Negiri en misión real, dejadnos continuar y esta afrenta será perdonadaExclamó Enzo para no perder el tiempo en una trifulca vanal.
— ¡Cierra esa boca crio! Sabemos bien quien sois, y no podemos dejaros pasar. Exclamó otra voz mientras varios hombres salían de sus escondrijos rodeando al grupo.

Enzo bajo de la montura y se colocó entre la misma y Saito, tratando de levantar a este.

¿Qué es lo que queréis?Dijo con tal de ganar tiempo.

Higure arriesga mucho al enviar a su propio hijo en estos viajes. . . Dijo una voz que paseaba paulatinamente entre la foresta, apareciendo tras el diplomático.

Así es, Enzo. No todos en Negiri estamos con tu padre y Toshiro nos pagará el doble si te llevamos ante él, ¡venga!, ¡capturadlos vivos!Inquirió el desenmascarado traidor.

Enzo entonces analizó la situación, el entrenamiento al que habían dedicado la primera parte de sus vidas les dotaba de templanza incluso en momentos tan críticos. En apenas décimas de segundo Enzo ya sabía que iba a hacer mientras que Saito, aquejado de su hombro derecho, tan solo atinó a alzarse para recostarse sobre su montura.

Tres hombres salieron entonces de los arbustos en los márgenes del camino directos hacia Enzo. El talentoso Umezawa golpe el muslo de su montura para que embistiera recto, con tal de interponerse en la trayectoria de dos de ellos, tiempo que ganó para deshacerse del restante que amenazaba con matar a Saito y descolgar su ballesta de mano para fulminar al emisario traidor de un disparo directo entre ceja y ceja.

Mientras el jefe de los bandidos, que se había situado tras el ahora difunto embajador y admiraba con parsimonia como este caía sin aliento de su montura, Enzo daba presta vuelta para encarar a los otros dos enemigos que habían logrado ya esquivar la montura y estaban frente a él.

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En dos rápidos golpes consigue esquivar el ataque de uno, y tras parar la arremetida del siguiente acaba con la vida del primero.
Es entonces cuando el jefe llama al resto y de donde habían salido las primeras cuatro alimañas salen una decena más. Aunque inexpertos Enzo sabe que son demasiados incluso para un guerrero entrenado como él.

Dejadle ir, y me entregaré.Dijo sereno Enzo, asumiendo la derrota y tratando de salvar a Saito.

¡Desgraciado! ¡Has matado a…!! ¡Ahora tú también verás morir a tu amiguito! Sobresaltado por la muerte de dos de sus camaradas, el bandido se dirigió arma en mano hacia Saito.

¡No! ¡Detente! Exclamó Enzo para plantarle cara.
Enzo decidió entrometerse en su camino y finalmente fue herido de muerte ante la atónita mirada de Saito, que entró en shock.


¡Idiota pero que has hecho!Replicó uno de los compinches del asesino a éste.

¡Joder, que rápido se ha movido! ¡Jefe! ¡¿Que hacem…?! El asesino no pudo concluir la frase antes de que un virote atravesara su garganta.

Que sirva . . . de ejemplo . . . al resto.Dijo el jefe con la parsimonia que le caracterizaba.Coged al otro, quizá podamos hacerle pasar por él.

Aunque Saito estaba en shock y no iba a oponer resistencia, decidieron noquearle quizá con un golpe desproporcionado directamente dirigido a la cabeza.
Ocupados en su cometido, ninguno de los bandidos llegó a observar como a un pájaro lograba alzar el vuelo.
Se trataba de Acre, y es que Saito, consciente del peligro que corrían se había apresurado a liberar a su compañero, al que meses atrás había estado entrenando como pájaro mensajero. ¿Lograría Acre llegar a Laothan y entregar ese pequeño papel que llevaba en su garra derecha? Ahora el futuro de la floreciente ciudad de Negiri pasaba por el incontrolable vuelo de una cría de halcón Karaturense.

Sin pudor por el cadáver del príncipe de los Umezawa, desvistieron a éste y disfrazaron con sus ropas y su arma al inconsciente Saito, para el que los problemas no habían hecho más que empezar.

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Su destino era el primer asentamiento militar de los Kojiki, al norte de Malatra. Toshiro Kojiki, su actual líder, era un guerrero de Kara-tur también conocido como “Karasu” (cuervo en Shou, el idioma de Kara-Tur) que ya no creía en el honor.

Despojado del lastre que para él la idea del honor significaba, Toshiro no dudaba en usar cualquier estrategia para llevar a su clan a la gloria. Cuando murió el emperador, el inteligente líder de los Kojiki para el cual hacerse con el poder gubernamental de Malatra había sido solo un juego de niños, empezó a planear hacerse también con el gobierno de Kara-Tur al completo, y para eso ansiaba hacerse con las siete reliquias de las Aldeas Benditas por el Emperador.

Para tal azaña, y desprovisto de toda nobleza, Toshiro envió a varios espías a las diversas capitales repartidas por el país empezando a mover fichas mucho antes que cualquier otro, mucho antes incluso también que Higure.

Toshiro ya se preparaba para la guerra, el asesinato de Keitaro, el plenipotenciario de los Kojiki no quedaría impune, y más allá de eso… quería el artefacto de Negiri. Era la tarde de antes de la partida cuando los bandidos llegaron al asentamiento y reclamaron su audiencia.

Jino, el jefe de la banda, le explicó lo sucedido a Toshiro y aprovechando el parecido de Saito con el difunto Enzo, decidieron usarle en su beneficio.
El plan era claro, Toshiro utilizaría a Saito para hacer creer a Higure que tenían preso a su hijo y así coaccionarle. Plan doblemente sabroso para él, pues nada le gustaba más que poner a prueba la voluntad y la honra de aquellos individuos rectos que parecía que estuvieran dispuestos a perderlo antes que su propio honor.

Tras pagar a Jino, le invitó a llevar a Saito a una de las tiendas del destacamento. Allí le despertó golpeándole y arrojándole agua caliente a la cara, asegurándose antes, claro está, de que era pertinentemente atado.
Cuando Saito despertó, tanto Toshiro como el torturador, advirtieron para su sorpresa que Saito había perdido la memoria, quizá por el shock post-traumático o por el fuerte golpe en la cabeza.

Tras ampliar su vil sonrisa “Karasu” decidió engañar a Saito y hacerle creer que él realmente era Enzo, y la mentira se extendería por todo su ejército. Nadie debía saber la verdadera naturaleza de Saito. El pérfido Toshiro no dejaría escapar esta oportunidad que el destino le había brindado.

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El ejército se puso en marcha y días más tarde Negiri recibía el asedio de todo el ejercito de Malatra. Toshiro se avanzó a caballo y se personó ante las puertas principales de la fortaleza, ahora apuntaladas.

¡Higure! GritóHas sesgado la vida de mis hombres. ¡Es mi deber exigir un pago de sangre! Tu vida, la vida de tu gente, o… Dio una pausa, cogió el arma que habían robado al cadáver de Enzo y la clavó en el suelo… ¡La de tu hijo!

Fue entonces cuando Higure asomó a la muralla alarmado. Vio claramente la característica arma de su hijo, el nagamaki, y supo que Toshiro no mentía. Éste, además, le hizo un ademán señalando a una decena de metros atrás, donde sus huestes estaban preparadas, y dos de sus soldados sostenían por los hombros a Saito, vendado y con la armadura de Enzo. La trampa era totalmente creíble y Higure cayó en ella maldiciendo, Higure maldijo todo en cuanto creía como no lo había hecho nunca.

— ¡Tienes una hora para tomar tu decisión, o seré yo quien elija, y no pienso quedarme solo con una opción! — Amenazó.

Toshiro tiró de las bridas de su corcel para volver al frente de su ejército donde esperaría los sesenta minutos.

Si su plan salía bien podría acabar con Negiri minimizando al máximo sus bajas. Él sabía que el deber del honor que recaía sobre Higure le haría dar su vida a cambio de la de su hijo y su pueblo y, adicionalmete, cuando Toshiro matase al monarca y la población supiera que Enzo también había muerto, se podría adueñar de la situación fácilmente ante un ejército totalmente desmoralizado.

Y el impío e inteligente Toshiro no se equivocaba. Las puertas de Negiri se abrieron y un derrotado Higure, vestido solo con un kimono tradicional de Kara-tur avanzaba, con pesadumbre hasta su drástico final.

Sendos lideres avanzaron hasta confluir en el punto medio exacto entre la fortaleza de Negiri y el ejército de Malatra.

Karasu” sonrió de medio lado bajo el morral en forma de pico de cuervo que portaba, para luego desenvainar lentamente, aunque de forma sonora su afilada y brillante katana. Higure mantenía la mirada clavada en el antagonista. Mirándole fijamente a los ojos, extendiendo sus brazos en cruz, al pecho descubierto, como el que no teme a la muerte.

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Toshiro sintió miedo, aun teniéndolo todo de su parte, así que elevó presto su arma sobre su cabeza y la deslizó rápidamente en una diagonal hacia abajo, repasando el torso de Higure, en un corte desde el hombro derecho hasta su cadera izquierda de éste, sesgando rápida e inequívocamente la vida del magnánimo monarca frente a su pueblo y a su milicia y frente a Saito, que luchó por librarse de sus amarres y de sus captores sin éxito hasta recibir algunos golpes que le habían hecho desistir, arrodillarse y llorar de impotencia.

Satisfecho con su trabajo y más tranquilo al ver el cadáver, Toshiro se dirigió hacia el pueblo de Negiri.

¡Ciudadanos de Negiri! Esto no tiene por qué ir a peor.InsistióHigure ha dado la vida por vosotros, aceptad su regalo. Rendíos ahora y nadie más sufrirá daño, ahí afuera no son tan clementes como yo.

Exclamó dando a entender que no iba a conformarse con la vida del Umezawa, no obstante, en los minutos subsiguientes nadie osó replicarle ni aceptar la rendición, bien porque ya no tenían un líder que hablara en nombre de ellos o bien porque no pensaban rendirse, así que, cuando la paciencia de Karasu llegó a su fin, ordeno avanzar a su ariete, recubierto por soldados de a pie cubriendo, escudo arriba, los posibles contraataques de los arqueros situados en la muralla.

Sin embargo, antes incluso de que el ariete estuviera cerca del pórtico, los soldados decidieron abrirla. Toshiro no era estúpido y no bajaría la guardia en los días venideros, y para asegurarse llamo a uno de sus hombres de confianza.

Llévate al chico, llévaselo a Sharruim, lejos de Kara-tur para que nadie pueda rescatarlo. Mientras esté con nosotros y el pueblo crea que es el legítimo heredero, se lo pensarán dos veces antes de llevar acabo cualquier acción hostilSusurró.

Y mientras Negiri empezaba una nueva era de calamidades, Saito era arrastrado hacia la frontera donde Kara-tur colinda con las tierras de Zhay, allí le esperaría uno de los contactos del tal Sharruim, un traficante de esclavos del desierto de Calimport.

Sharruim era un arcano peculiar, algunos decían que su poder bebía de una fuente distinta a la de otros magos o hechiceros, no era un tipo cualquiera. De hecho, Toshiro no se codeaba con tipos cualesquiera, quizá Sharruim solo era una pieza más en su tablero, pero era una pieza importante. El esclavista se encargaría de Saito hasta que Karasu hubiera conseguido sus objetivos en Kara-tur, y luego… ya decidirían que hacer con él.



Última edición por Bunraku el 12 Feb 2019, 04:16, editado 2 veces en total
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 Asunto: Re: Un plato servído en frío.
NotaPublicado: 12 Feb 2019, 04:15 
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Acto 3 – El señor de los tres truenos.:

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Habían pasado semanas desde que Saito llegará a los torridos desiertos de Calimshan y empezara a trabajar para Sharruim. Saito no recordaba nada de su pasado real. Lo único que creía saber sobre él es que su nombre era Enzo y era el legítimo postulante al trono de la ciudad de Negiri, además había cosechado un profundo resentimiento ante el asesino del que ahora creía su padre, Toshiro.

Aun así, la forma de ser y su carácter no los había perdido.
Aquello que otrora le causaba rechazo, ahora seguía causándoselo, siendo así, Sharruim nunca logró que Saito hiciera algo que fuera en contra de sus principios y el amnésico muchacho pagaba el precio con la moneda de los golpes y del encargo de las tareas más mediocres.

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A veces debía llevarle servir la comida a su nuevo amo, limpiar sus establos, embadurnar sus zapatos y cosas por ese estilo.

Más de una vez había tenido que presenciar hasta qué punto podía llegar a ser cruel Sharruim y ya no podía soportarlo más, tenía que salir de ahí para cobrar su venganza.

Saito también conservaba su inteligencia a pesar de la amnesia, así que sabía que solo no podría llevar a cabo tal plan, pero para su desgracia solo uno de los presos que convivían con él hablaba la lengua de su tierra natal, el Shou.
Era un ciudadano de Zhay, esclavo de guerra, que en su vida se había dedicado al comercio en la frontera de Kara-Tur y por eso tuvo que arreglárselas con el idioma. El hombre le contaba, en las escasas pausas de sus miserables nuevas vidas sobre teología, él era muy creyente.
Antaño rezaba a Waukeen, pero ahora había convertido su fe a Hoar. La primera, la diosa del comercio, el segundo el dios … de la venganza.

Esas ideas fueron calando hondo en Saito, cuando todo está perdido debes aferrarte a algo, y él lo hizo en su nueva fe.
Aprendió todo lo que el viejo podía contarle sobre su nueva deidad y se consagro a ella jurándole que, si lograba acabar con la vida de Toshiro, le serviría por el resto de su tiempo tanto en la vida como en la muerte y en cierta medida sus plegarias fueron escuchadas por que al poco una sirvienta de Sharruim volvió de un largo viaje.

Era una elfa de rubios y lisos cabellos, su estatura era pequeña y su piel dorada por naturaleza, de mirada despierta y curiosa, en ocasiones mantenía una actitud introspectiva.
Era una elfa singular, no poseía los característicos grilletes con los que Sharruim encadenaba a sus pertenencias vivas, así que en principio Saito pensó que sería un compinche más del traficante. Su perspectiva cambió el día que la elfa le sorprendió enrabietado, golpeando la jaula donde había sido confinado por negarse a matar al viejo con el que había contraído amistad y que ya era inservible para Sharruim que, a modo de castigo, decidió arrebatarle la vida delante de sus propios ojos, para luego mandarle a “los barrotes de la reflexión”, como satíricamente así llamaba a la jaula.

Los gritos de rabia e impotencia resonaban por los aposentos, alejados de las lujosas viviendas de Sharruim, pero la elfa no podía ignorarlos. Se adentró en la oscura sala de torturas y se dirigió en Shou hacía Saito, para sorpresa del mismo.

Lo que ha hecho hoy Sharruim es horrible. . .Balbuceó mientras se acercaba.

Saitose sorprendió primero, y la miro fijamente unos instantes, para luego contestarle en su idioma natal.

¿Qué haces aquí? Voy a matarlo, ¡puedes ir a decírselo!Explotó.
¡No! ¡Por favor! ¡Baja la voz! Tengo un plan, te prometo que te liberare Se apresuró a responder la elfa.

La inteligente elfa no mentía. Se presentó como Cirínide y confesó que había aguantado a su maestro demasiado tiempo, y ya no estaba dispuesta a tolerarlo un minuto más.

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Había llegado a Calimport buscando a Sharruim para beber de su conocimiento, a fin de cuentas, ya hemos dicho que el poder del esclavista poseía unas particularidades que podían llamar la atención de muchos, y aunque él le aceptara tras detectar la increíble inteligencia con la que la elfa había sido dotada, la maga sabía que hay precios que ni por el conocimiento se deben pagar o al menos ya lo había aprendido.

Poco después de su llegada, Cirínide entabló amistad con otro de los presos llamado Enkyl. Un hombre extravagante, de piel tosca y oscura, uno de los esclavos más veteranos de Sharruim, uno de los que el arcano no pretendía vender por nada del mundo.

Tal era así que Enkyl portaba unos grilletes arcanos que no poseían cerradura física, sino mágica. No obstante, cabe decir que, tanta precaución no era necesaria ya que el extraño Enkyl obedecía como si fuera algo normal para él, poco más tarde Cirínide descubriría que esa era la única forma de vida que el humano de piel lóbrega había conocido, Enkyl había sido el esclavo de Sharruim desde niño.

La elfa había estado haciendo un seguimiento de su jefe en pos de optimizar un plan para salvar a sus esclavos, y había constatado que era demasiado peligroso liberarlos a todos a la vez. Lo haría en grupos reducidos, y para ello necesitaba que los pioneros fueran los esclavos más habilidosos de Sharruim. Por eso había llegado hasta Saito, y por eso decidió presentárselo a Enkyl. En los siguientes días, Cirínide enseño algo de Khondazano Común a Saito y acabó de convencer a Enkyl de que este no era su sitio.

Durante aquellas noches, Saito que aún no había dicho como se llamaba, había estado soñando con un extraño pájaro, como una cría de halcón al que en sueños llamaba Acre. Los pájaros son el símbolo de la libertad así que había tomado el onírico como una señal, quizá de Hoar y había decidido apodarse con el nombre de Acre, un nombre que le serviría de tapadera, ya que podría ser peligroso que alguien más creyera, aunque erróneamente al igual que el oriental, que él era Enzo Umezawa, el heredero de Negiri.

Así pues, el grupo compuesto por Cirínide, Enkyl y Acre actuaría pronto y bajo las estrictas ordenes de la elfa.

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