Doresain

 

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Rey de los Necrófagos

Semidiós

Símbolo: Calavera de necrófago con un solo ojo rodeada de huesos.
Plano Natal: Abismo. Capa 112.
Alineamiento: Caótico maligno
Ámbito: Nigromancia, necrófagos.
Adoradores: necrófagos y otras criaturas que creen que tarde o temprano acabarán siendo “atraídos al redil”.
Alineamiento de los clérigos: CM, CN, NM
Dominios: Caos, Hambre, Mal.
Arma predilecta: Cimitarra.

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El insaciablemente hambriento Doresain atrae a todas las criaturas cuya ansia nunca puede ser aplacada. La deidad aparece como un necrófago especialmente delgado y consumido. Sus ojos arden con una luz necrófaga de color verde enfermizo y sus pies se asemejan a pezuñas. En contraste con el cuerpo marchito del semidiós, viste una elegante capa blanca de suave piel de hombre sobre una pálida armadura de cuero tachonada con diminutas calaveras.

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Los necrófagos son sus principales adoradores, y su símbolo es una calavera de una de esas criaturas.
Aunque el Rey de los Necrófagos es en sí mismo una poderosa entidad y controla su propia capa del Abismo, en su día fue vasallo de Orcus. Más tarde, la hueste gnoll de Yeenoghu le invadió y Doresain se vio obligado a jurarle lealtad y rendirle homenaje. Posteriormente, Yeenoghu perdió el control de la capa del Rey de los necrófagos y, hace poco, la capacidad de darle órdenes.
Dogma: El Rey de los necrófagos enseña que existir es comer. Una existencia plena necesita del consumo de presas, preferiblemente inteligentes. La carne para el sacrificio es muy importante para el Rey. Cuando la vida se extingue entre dientes desgarradores y labios temblorosos, el devorador puede sentir finalmente la verdadera felicidad, al menos durante un tiempo.

Clero y Templos: Sólo hay templos dedicados al Rey de los Necrófagos bajo tierra. En ocasiones, pueden encontrarse pequeñas capillas o mausoleos subterráneos o en el centro de catacumbas, pero únicamente se erigen templos en pleno funcionamiento en los reinos subterráneos más profundos, rodeados de una comunidad de necrófagos del tamaño de una ciudad pequeña (como mínimo).
En ocasiones, Doresain aparece cuando nigromantes incautos juegan con el plano de la Energía negativa. Tomando esas intromisiones como una invitación, el Rey de los necrófagos aparece y convierte a la fuerza en necrófagos a todos los presentes, con frecuencia creándose con ello nuevos adoradores. Si bien muchos necrófagos son ignorantes y no tienen dios, los que encuentran la religión siempre le descubren. Otras criaturas que no son de esta especie adoran al Rey sabiendo que más pronto que tarde serán “atraídos al redil”.
Todos los necrófagos rinden homenaje al Rey. Su saber tradicional se remonta hasta una tierra sagrada para éstos, llamada el reino Blanco. Aunque los atados al plano de los mortales a veces crean versiones menores de lo que creen que es el reino Blanco, se conoce que la verdadera encarnación de éste se halla en la capa del abismo que Doresain gobierna.

Plegarias: Todo acto glotón de consumo es, a su modo, una oración a Doresain, incluso si el devorador no lo sabe.

Ritos: A compartir la dulce carne de una víctima con varios necrófagos se le llama de manera informal “pasar el cuerno” y sirve como un rito común de conmemoración a Doresain.